
Casi al final de dos jubilosos días de alabanza a Nuestra Señora de Guadalupe, el Diácono René Zayas reflexionó sobre el papel que la Santísima Madre ha jugado en su propia vida, incluyendo los últimos 13 en la Catedral de la Inmaculada Concepción de Camden.
“Siempre he sentido devoción por María”, dijo el 12 de diciembre al salir del Salón de la Catedral, donde al menos 150 católicos de todas las generaciones cantaban y bailaban en honor de la Patrona de las Américas. “Esta noche le he pedido que aumente mi fe y me ayude a servir a esta comunidad, que es mi familia”.
Temprano en la noche, el Diácono Zayas se unió al Obispo Dennis Sullivan; al Padre Adam Cichoski, rector de la Catedral de la Inmaculada Concepción, y al Padre Stephen Robbins, vicario parroquial, en el altar para una Misa vespertina para celebrar la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe.
Junto con los cientos de personas en las bancas, el Diácono Zayas y el clero vinieron a recordar las promesas de la Santísima Madre al humilde Juan Diego hace cinco siglos en México: “No se turbe tu corazón; no temas… enfermedad ni angustia. ¿No estoy yo aquí? ¿No soy tu Madre? ¿No estás bajo mi protección?”.
Durante la vigilia de Nuestra Señora de Guadalupe y las reuniones del día de fiesta el 11 y 12 de diciembre, la Catedral y numerosas comunidades parroquiales de toda la Diócesis de Camden celebraron a María a través de alegres procesiones, coloridos trajes, solemnes oraciones del rosario y constantes gritos de “¡Viva la Virgen!”
“María está aquí para todos nosotros, para ayudarnos y consolarnos. Sólo necesitamos llegar a ella en oración”, dijo Mariannie Zayas, directora de servicios parroquiales de la Catedral e hija del diácono Zayas, quien como miembro del coro parroquial, dirigió a los fieles en canciones durante la misa.

La aparición de Nuestra Señora de Guadalupe al sencillo campesino Juan Diego en el cerro del Tepeyac el 12 de diciembre de 1531, y el hecho de utilizarlo como recipiente de su mensaje esperanzador al mundo, demuestra que ella puede transformar cualquier corazón, continuó. “Juan Diego era un don nadie, y María lo convirtió en alguien”.
Estas fervientes devociones a Nuestra Señora de Guadalupe, sabe Zayas, sólo “amplifica nuestra relación con Cristo porque ella nos lleva a su Hijo.”
También expresó su agradecimiento al Obispo Sullivan, quien instó en español en su homilía a los fieles a llevar sus “necesidades, preocupaciones, sueños, deseos, alegrías y lágrimas a Nuestra Madre que nos escucha. Nuestra Madre y protectora”.
“Es bonito contar con la bendición del Obispo en un día tan importante. Significa mucho para la gente que él esté aquí para apoyarnos en la oración”, dijo Zayas.
Aunque Nuestra Señora de Guadalupe es originaria de México, el icono también ha significado mucho para los católicos hispanos de otros orígenes, como dominicanos, ecuatorianos y puertorriqueños, que estuvieron presentes en Camden, todos celebrando unidos.
En el santuario parroquial homónimo de la Diócesis a Nuestra Señora de Guadalupe en Lindenwold, una Misa el 12 de diciembre hizo “a todos conscientes del poderoso amor que emanó de Nuestra Señora cuando se apareció a Juan Diego”, señaló Stephanie Greco, directora voluntaria de los servicios del santuario.
Las festividades de Guadalupe de este año, que ya son una gran celebración para la comunidad hispanohablante de la parroquia, incluyeron un estímulo especial para que asistieran las familias de habla inglesa. Los niños de formación en la fe de habla inglesa participaron en una presentación.
“Es vital que nuestros niños de habla inglesa desarrollen el tipo de relación con Nuestra Señora que los niños hispanos tienen desde el principio. La Virgen vive en el amor de su Hijo, y todos necesitamos formar parte de esa Sagrada Familia”, continuó Greco.
Maggie Chester, miembro del Programa de Formación de Fe de la parroquia, se sintió vitalizada por la liturgia con el Padre René Canales, párroco, quien a través de canciones, educó a la joven Iglesia sobre Nuestra Señora de Guadalupe.
El Padre Cichoski calificó el jolgorio a Nuestra Señora de Guadalupe como “días largos, pero hermosos”. La presencia del Obispo Sullivan en su comunidad, dijo, “fue un gran regalo, una verdadera bendición,” especialmente el llamado del Obispo a “continuar compartiendo nuestra fe no sólo con nuestras familias, sino con la gente que nos rodea.”
“El mensaje de Guadalupe es un mensaje de evangelización, un mensaje de esperanza de que encontraremos ese terreno común, encontraremos las cosas que necesitamos, en Cristo; Él nos guiará a cosas más grandes”, dijo el Padre Cichoski.














