
Fue una verdadera bendición estar en Roma este mes de junio. Desde las antiguas calles de la Ciudad Eterna hasta la majestuosidad sagrada de la Plaza de San Pedro, experimenté un profundo moverse del Espíritu Santo que confirmó lo que tantos en la Iglesia están sintiendo: Dios está preparando un avivamiento mundial, y la Iglesia católica está llamada a estar en su centro.
Del 1 al 3 de junio, tuve el honor de participar como predicador en la III Cumbre Internacional de Líderes Global 2033, celebrada en Fiuggi (Italia). La cumbre, cuyo lema era “Llegar a todos, en todas partes”, reunió a líderes cristianos de todo el mundo con un compromiso común: prepararse para el 2000 aniversario de la Resurrección de Cristo.
Mi predicación, junto a Tim Glemkowski, CEO fundador del Congreso Eucarístico Nacional, se titulaba “El avivamiento católico: el avivamiento empieza en nosotros”. Juntos, proclamamos un mensaje claro: Un avivamiento es posible solamente con la acción poderosa del Espíritu Santo. Si queremos llegar realmente a todas las personas, debemos movilizar a la Iglesia católica para que se convierta en una Iglesia misionera: audaz en el avivamiento eucarístico, guiada por el Espíritu Santo y formada para la evangelización intercultural. Tim y yo nos basamos en nuestras experiencias: la suya en la dirección de la Peregrinación Eucarística y el Congreso en Estados Unidos, y la mía en la misión intercultural de base y el liderazgo en la Renovación Carismática. Hicimos hincapié en que el avivamiento no es sólo un programa; es un encuentro personal con Dios que transforma vidas y enciende la misión. El pastor Rick Warren, autor de The Purpose Driven Life y director ejecutivo de la coalición misionera Finishing the Task, fue otro de los predicadores.
Tras la cumbre, del 4 al 6 de junio, fui invitado al Encuentro de Moderadores de las Asociaciones de Fieles, Movimientos Eclesiales y Nuevas Comunidades, organizado por el Dicasterio Vaticano para los Laicos, la Familia y la Vida. Contó con las intervenciones destacadas de varios ponentes, entre ellos el cardenal Pietro Parolin y el cardenal Luis Antonio Tagle. Sus intervenciones nos recordaron que los movimientos eclesiales no son realidades marginales, sino expresiones vitales de la vida y la misión de la Iglesia hoy.
Sin embargo, para mí, el momento culminante de mi estancia en Roma fue la audiencia con el Santo Padre, el Papa León XIV, el 6 de junio. Dirigiéndose a nosotros, moderadores de movimientos eclesiales, asociaciones y comunidades, el Papa León nos ofreció una profunda reflexión sobre la naturaleza de los carismas y su papel indispensable en la Iglesia:
“Los carismas se dan para que la gracia sea recibida y dé fruto… Sin carismas, se corre el riesgo de que la gracia de Cristo, ofrecida en abundancia, no encuentre terreno propicio para recibirla”.
Estas palabras penetraron en mi corazón. Son una llamada a garantizar que el trabajo que realizamos en movimientos y comunidades sea siempre terreno fértil para la gracia, siempre enraizado en Cristo, unido a la Iglesia y vivo de pasión misionera.
Esta unidad y misión se encarnaron poderosamente durante la Vigilia de Pentecostés, celebrada en la Plaza de San Pedro el 7 de junio. Con toda la Iglesia reunida en adoración y anticipación, llevé en mi corazón a todos los fieles de la diócesis de Camden, ofreciéndoles espiritualmente en esta invocación global del Espíritu Santo. El Papa León XIV, en su homilía, describió bellamente el fruto de aquel momento:
“En Pentecostés, María, los Apóstoles y los discípulos con ellos recibieron un Espíritu de unidad … Ya no eran introvertidos y belicosos entre sí, sino extrovertidos y radiantes de alegría”.
Esta es la esencia de la renovación eclesial: alegría radiante y unidad enraizada en la única misión de la Iglesia.
La celebración alcanzó su punto culminante a la mañana siguiente, Domingo de Pentecostés, cuando nos reunimos de nuevo en la Plaza de San Pedro para la Misa Solemne con el Papa León XIV. Fue una poderosa experiencia de comunión y envío. El Papa nos lo recordó:
“El Espíritu abre fronteras … Derriba nuestra dureza de corazón, nuestra mirada estrecha, nuestro egoísmo… para que nuestras vidas se conviertan en lugares de acogida y hospitalidad”.
Esto es precisamente lo que el mundo necesita: una Iglesia abierta de corazón y de misión, donde cada persona encuentre acogida, sanación y propósito. Una Iglesia no encerrada en sí misma, sino llena del fuego de Pentecostés, que sale a las periferias.
Al volver a casa, a la diócesis de Camden, lo hago con una alegría y un propósito renovados. Estoy más convencido que nunca de que debemos dar espacio al Espíritu Santo en todos los aspectos de la vida de la Iglesia: nuestras parroquias, familias, ministerios y testimonio personal. En este contexto, celebraremos un Encuentro Diocesano de Movimientos Eclesiales, el 14 de junio, en la Parroquia de San Joaquín. Al igual que nos reunimos en la Plaza de San Pedro, nos reuniremos aquí para orar, reflexionar y avanzar en la unidad y la misión de nuestra Iglesia local.
En palabras del Papa León XIV, dirigidas a nosotros con afecto pastoral:
“¡Mantengan siempre al Señor Jesús en el centro! Esto es lo esencial, y los carismas están al servicio de este fin. Llevan al encuentro con Cristo … y ayudan a edificar la Iglesia”.
Hagamos nuestras estas palabras. Caminemos juntos en el Espíritu, como una Iglesia unida en la diversidad, radiante de alegría y encendida por el Evangelio.
¡Ven, Espíritu Santo!
Andrés Arango es delegado del Obispo para el Ministerio Hispano y director de evangelización de la Diócesis de Camden.














