¡Fue descuidado! ¡Fue abusado! Aunque temporariamente perdido en un mundo violento de pandillas y abuso de drogas, la mano de Dios lo sacó de la arena movediza que destruye el alma.
Nacido en Oaxaca, México, Francisco Cruz, en su vida temprana, estaba viviendo en el temor de la violencia causada por su madre y las pandillas rivales.
“Mi padre murió cuando tenía 6 años dejando a mi madre viuda con tres niños. Ella hizo lo mejor en criarme y mis dos hermanos en una casa que se frecuentaba la violencia y la pobreza, “dijo Cruz, añadiendo, “Mi madre, bajo el estrés, solía gritar mucho y nos golpeaba con un cinturón por ninguna razón”.
“Después de la muerte de mi padre, no me sentía amado en casa, pues a la edad de 11años, me uní a un grupo de niños del barrio”. Según Cruz, fue introducido a los inhalantes intoxicante – por este grupo y comenzó a oler pegamento y pintura como una forma de liberar el estrés.
“A la edad de 13 años, conocí a los miembros de una pandilla llamada ‘Los de la Capilla’. Parecía amable y acogedor. Inmediatamente llegaron a ser como una familia”, dijo Cruz. Agregando, “Me ofrecieron protección de grupos rivales, ropa, dinero y amor fraternal”. Lo que no lograron decirle a Cruz fue que él tuvo que cometer delitos para ganarse su sustento. “Tuve que vender drogas, transportar armas, fumar marihuana y hacerle daño a los miembros de la pandilla rival”, dijo Cruz. “A la edad de 17 años, yo estaba usando cocaína, tomando cerveza y licor. Toqué fondo muy rápido”.
“Eventualmente, mi madre se cansó de mi vida loca, me echó de la casa, y me convertí en uno de los “Niños”, dijo Cruz. Los “Niños” eran considerados los adolescentes sin hogar que vivían bajo los puentes. “Yo no me bañaba o’ me cambiaba de ropa por semanas”.
Cruz continúo viviendo la vida de pandillas como la única manera de sobrevivir. “Casi me muero tres veces de una sobredosis de drogas, fui apuñalado y pegado por pistola de las pandillas rivales”, dijo Cruz, que mostró las cicatrices. Agregando, “Era sólo cuestión de tiempo que iba a parar en la cárcel, herido por vida o en un cementerio como algunos de mis homies”.
El 31 de Octubre del 1994, a la edad de 20 años, Cruz entró en Drogadictos Alcolicos Anonimos (D.A.A.) Pasó cuatro años en la rehabilitación y llegó a ser un mentor para otros pacientes. Aunque estaba limpio y libre de drogas, se sentía vacío. Se sentía solo.
Cruz fue liberado de la rehabilitación en 1999 y fue invitado a un retiro carismático en la Parroquia San Antonio de Padua en Tilzapotla, Morelos. “Entre en la iglesia sintiéndome vacío y salí de la iglesia transformado. Había oído la palabra de Dios y me puse a llorar como nunca antes”, dijo. “He recibido sanación interior como oí y sentí la presencia de Dios”.
“Jesucristo lleno mi vacío con alegría”, dijo Cruz. La iglesia se convirtió en su nuevo hogar. Recibió los sacramentos y acepto su nueva vida en Cristo.
En el año 2000, buscando el “sueño Americano” y una nueva vida lejos de las pandillas callejeras, se trasladó desde México a Michigan. Finalmente hizo su camino al Condado de Cumberland, donde se reunió con familiares.
Una vez en Estados Unidos, se dio cuenta de que existía una presencia alarmante de pandillas en el país.
Según el FBI 2011 Centro de Inteligencia Nacional de pandillas, “hay aproximadamente 1.4 millones activos en la calle, prisión y pandilleros de la motocicleta. Son más de 33,000 pandilleros de motocicleta en los Estados Unidos. Esto representa un aumento del 40 por ciento de un estimado 1 millón de pandilleros en 2009”.
Cruz atribuye la presencia de pandillas y el aumento a “Serios problemas en el hogar, viviendo en una comunidad infestado de pandillas, y sin estructura familiar o’ ningún valor moral y espiritual”.
Cuando se le preguntó qué consejo daría a los adolescentes, Cruz respondió, “Si crees que las drogas y las pandillas pueden traerle felicidad, estás equivocado! Usted puede terminar en un hospital, la cárcel o muerto”. Añadió, “la verdadera felicidad se encuentra en Cristo, caminando con el Señor en todos los aspectos”. “Verdaderos amigos te ayudan a buscar la salvación, no la condena”.
Cruz es miembro de una parroquia en la diócesis de Camden. Comparte su testimonio con miembros de la iglesia y diferentes personas de su barrio. Él atribuye a su nueva vida a Cristo. Ha estado limpio de drogas y la vida de pandillas por más de 19 años.
“Invito a todos los pandilleros y drogadictos a buscar al Señor”, dijo Cruz. “No es demasiado tarde para cambiar. Dios puede transformar los más difíciles de los corazones”.
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