
Mahatma Gandhi dijo una vez que la mejor manera de predicar el Evangelio es vivirlo.
Esas palabras cobraron vida en una reunión reciente organizada por el padre Vince Guest, vicario de la ciudad de Camden y párroco de la parroquia Sagrado Corazón. Allí estábamos, reunidos como una familia religiosa alrededor de la mesa del comedor de la rectoría de la parroquia Sagrado Corazón, en el sur de Camden: siete hermanas religiosas, tres sacerdotes y un hermano, que soy yo.
El objetivo de la reunión, tal y como lo describió el padre Vince, era que cada uno de los que trabajamos y/o vivimos en Camden compartiéramos nuestras historias y reflexiones personales y expresáramos nuestras esperanzas y preocupaciones, tanto físicas como espirituales, sobre el futuro de la Iglesia en Camden.
San Francisco de Sales es conocido por la cita: “No digas nada, solo escucha. ¡Escuchar no es poca cosa!”. Hizo esa declaración cuatro siglos antes de que la idea de una Iglesia sinodal se hiciera realidad.
El santo vivió en una época muy parecida a la nuestra, marcada por profundas divisiones tanto en la política como en la religión. Protestantes y católicos, siempre enfrentados, se mataban entre sí por decidir quiénes eran los “verdaderos” cristianos preferidos por Dios. Los reyes y reinas de Europa se aprovechaban de los pobres y desfavorecidos, mientras que los exploradores europeos invadían y saqueaban las tierras de los pueblos nativos de todo el mundo y utilizaban la Biblia como arma para la conversión forzosa.
Parece que los seres humanos nunca aprendemos de nuestra larga historia de errores pasados y seguimos repitiéndolos: violencia, explotación, crueldad racista. La codicia y la corrupción prevalecen sobre la justicia social y la doctrina social católica, incluso cuando el papa León nos recuerda que el amor es la razón por la que Jesús se encarnó en la tierra como el rostro y corazón humano de Dios.
Eso es exactamente de lo que trató nuestra humilde reunión en la parroquia Sagrado Corazón, por qué el padre Vince la convocó y por qué 11 religiosos y religiosas dedicados se presentaron a la mesa. Compartimos desde el corazón y nos escuchamos de verdad, ofreciendo nuestras esperanzas y sueños para tiempos mejores.
Seis de las siete religiosas eran Hermanas de San José, y una era de las Hermanas Siervas del Inmaculado Corazón de María. Sus comunidades han prestado servicio en Camden durante casi un siglo y han participado directamente en las evoluciones y cambios que se han producido en la ciudad.
Algunas de las hermanas compartieron su profunda preocupación por el hecho de que la mayoría de las personas a las que atienden, viven con el temor constante de ser deportadas. El padre Mike McCue, mi compañero oblato y amigo, habló de sus experiencias durante los últimos 17 años trabajando en el refugio para personas sin hogar Joseph’s House y de su trabajo con las personas de la comunidad que luchan contra las adicciones. El ministerio de todos es oportuno y muy demandado, además de muy exigente.
A pesar de las muchas dificultades y retos personales que compartimos y meditamos alrededor de esa mesa – la misma mesa en la que se celebra diariamente la Misa y la Eucaristía – los sentimientos predominantes en cada uno de nosotros, eran el amor y la esperanza. Como conclusión perfecta de esta santa reunión, el padre Vince nos invitó unos tacos de un restaurante mexicano recientemente inaugurado por uno de sus feligreses, una prueba más de esperanza, valentía y determinación.
El simple hecho de saber que no estamos solos en nuestros miedos y ansiedades fue suficiente para que nos marcháramos con energía y compromiso renovados: la suave conciencia sinodal de que estamos escuchando juntos el Corazón de Cristo.
El hermano Mickey McGrath, oblato de San Francisco de Sales, es un artista y autor galardonado que vive en Camden.














